Las Garantías de Dios (Segunda Parte)

[Vamos a ver cómo Dios – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo – ha dado garantías especiales a los creyentes para alentarnos a confiar plenamente en El.]

2. Dios el Hijo ha aportado garantías.

Cuando un amigo y yo estábamos sentados en un restaurante local, saludamos a la camarera mientras mirábamos el menú. Nos sorprendió cuando mencionó una atracción en un parque de diversión de la que había disfrutado junto a su madre y su hermano – ¡el salto al vacío con la cuerda de bungee! Al ver mi curioso asombro, ella describió su técnica. ¡Ella brincaba de la torre de espaldas y de cabeza! Confesó que tenía una gran fe en la cuerda; evidentemente fue digna de confianza para ellos en aquel momento… ¡Me siento aliviado de que las garantías de Dios son más seguras que esas bandas elásticas!

Ahora consideraremos las garantías del Hijo de Dios. La veracidad de Cristo se dio a conocer desde su nacimiento a Su ascensión después de Su Resurrección. Cuando Él nació de la virgen María, Jesús – el Verbo verdadero – fue vestido con un cuerpo humano. Juan declaró, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14).

El carácter de Cristo verifica esta la veracidad divina. Jesús pudo desafiar a Sus incrédulos críticos, “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?” (Juan 8:46).

En una época de falsos maestros, Cristo subrayó con frecuencia la fidelidad de sus palabras, diciendo: “De cierto, de cierto te digo” (Juan 3:3, 5, 11; 5:19, 24, 25). Jesús añadió la garantía, “De cierto,” cincuenta veces en el Evangelio de Juan. Sus palabras son particularmente fiables. El Hijo no sólo hablaba y enseñaba la verdad. Él encarnó la verdad: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;” (Juan 14:6 a).

En el juicio frente a Pilato, el gobernador romano pudo tener una visión de una Integridad pura. En los oscuros pasillos de la injusticia, el propósito de la misión de Jesús brilló resaltadamente: “Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” (Juan 18:37).

La veracidad de las palabras de Cristo está relacionada con su eternidad: anunció, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mateo 24:35).

Testimonios de la veracidad del Hijo

En el discurso de Cristo en Juan 5:31-47, convocó a varios testigos para acreditar Su verdad. “Si yo [sólo] doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero [no puede ser verificado por sí mismo].” (Juan 5:31). Cada uno de estos testimonios hace que el incrédulo sea moralmente responsable de su incredulidad. “Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.” (Juan 5:32).

El testimonio de Juan el Bautista.

“Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.” (Juan 5:33-35). El testimonio de Juan era tan convincente a la multitud que los dirigentes correrían el riesgo de ser apedreados por ellos si lo rechazaban públicamente. (Mateo 21:25,26).

El testimonio de las buenas obras de Jesús y Sus milagros.

“Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.” (Juan 5:36). Ten en cuenta que incluso los endurecidos incrédulos admitieron la realidad de los milagros de Jesús (Juan 11:47-50). Los líderes suprimieron la verdad en la injusticia hasta tal punto (Rom. 1, 18b) que conspiraron para matar a Lázaro también. Eran demasiados los que venían a la fe mediante el testimonio de aquel a quien Cristo devolvió la vida a los cuatro días de su muerte (Juan 12:9 – 11). ¡Esto demuestra que la incredulidad se debe principalmente a los corazones de las personas, no a la falta de evidencias!

El testimonio de Las Sagradas Escrituras.


“También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí.” (Juan 5:37a). [3] Jesús continuó: “Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto.” (Juan 5:37b). Aquí vemos que el testimonio del Padre viene a través del testimonio infalible de la Biblia.

El Padre había enviado en repetidas ocasiones a los profetas que predijeron la venida de Jesús, el Mesías. Después de su resurrección, Jesús se apareció a los dos discípulos en el camino a Emaús y les abrió el entendimiento de cómo las Escrituras profetizaban la vida del Mesías, Su muerte, y Su resurrección (Lucas 24:13-27) [4].

Cristo declaró: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Juan 5:39). La Biblia, como la Palabra inspirada de Dios, es un testigo fundamental. Puesto que Dios es su verdadero autor, el rechazar el testimonio de Las Escrituras es rechazar Su testimonio (ver 1 Juan 5:9-11; 2 Tim. 3:16).

Dado que los líderes judíos veneraban a Moisés, quien fue el autor humano de la Torá (los cinco primeros libros del Antiguo Testamento), Jesús señaló esta inferencia: “No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5:45-47).

El testimonio de la resurrección de Cristo.

Por último, Cristo garantiza la fiabilidad de sus palabras por medio de Su prometida resurrección de entre los muertos. Cuando los líderes religiosos exigieron la prueba de la autoridad de Jesús para sacar a los cambistas de la corte del templo de Jerusalén, Cristo dio esta respuesta chocante “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaréMas él hablaba del templo de su cuerpo.” (Juan 2:19,21). Esta profecía simbólica fue tan memorable que algunos testigos falsos la usaron contra El en Su juicio (Mat. 26:61). Los miembros del Concilio también tomaron medidas sobre esta predicción convenciendo a los soldados romanos para sellar y proteger la tumba donde Jesús fue enterrado después de la Crucifixión (Mateo 27:62-66).

Cuando Jesús resucitó triunfalmente de la tumba aquel famoso domingo por la mañana, confirmó Su identidad como el Mesías, la suficiencia de Su sacrificio en la cruz, y la veracidad de Sus enseñanzas [5]

¿Si aquellos que aman la aventura están dispuestos a arriesgar sus vidas saltando de una torre, no daríamos este paso de fe para nuestra seguridad eterna? ¡Las garantías de Cristo son infinitamente más fuertes que cualquier cuerda elástica!


Parte 2 de 3

[3] Aunque Dios el Padre habló audiblemente desde el cielo tres veces durante el ministerio público de Cristo (Mateo 3:17; 17:17:05, Juan 12:19), no todos aquellos que se encontraban en la multitud en aquellos momentos habrían oído o percibido tales palabras.

[4] Algunas de las profecías mesiánicas cumplidas en Cristo Jesús incluyen:

Su Encarnación (Isaías 7:14)

Su lugar de nacimiento (Miqueas 5:2)

Su Reino (Salmo 2:6; Isaías 9:6,7))

Su Sacerdocio (Salmo 110:4)

Su oficio profético (Deut. 18:18)

Su rechazo (Isaías 53:3)

Su sufrimiento (Salmo 22:11-15)

Su muerte (Isaías 53, Salmo 22)

Su resurrección (Salmos 16:10).

[5] Hechos 1:3 se refiere a la evidencia convincente de la resurrección corporal de Cristo: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.” (Hechos 1:3; mira también 1 Cor. 15:1-20). .

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