Caídos en el Legalismo

Algunos de los aeropuertos más grandes han instalado un sistema que ayuda a los pasajeros que deben caminar largas distancias en sus pasillos. La senda automática funciona como una escalera automática, pero transporta a las personas de una forma horizontal en vez de una forma inclinada. Los viajeros pueden caminar sobre la senda automática o simplemente quedarse parados y ser llevados de un lugar al otro. He podido utilizar este método de transporte en Atlanta, Chicago, Miami, y otros lugares. Se necesita tener cuidado al entrar y al salir de este sistema al final del viaje. Cuando uno se aproxima al final, se puede escuchar una grabación que les recuerda a los pasajeros el peligro de tropezar al intentar salir de la senda automática.

La velocidad del movimiento que se experimenta al ser transportado en esa senda automática es obviamente superior a la velocidad de una caminata natural sin ayudas, a no ser que la intención sea la de hacer ejercicios. De igual forma, el andar de un cristiano es aumentado grandemente en calidad y velocidad cuando es ayudado por la gracia y el Espíritu de Dios.

Pablo estaba percatado de la situación peligrosa presente en Galacia donde la iglesia fue tentada a abandonar una forma sobrenatural de andar en el Señor. Ellos estaban siendo expuestos a falsos maestros—los llamados judaizantes—que estaban tratando de persuadirlos diciéndoles que los cristianos tenían que añadir las obras de la Ley de Moisés al evangelio para poder ser salvos y para poder ser santificados. Póngale mucha atención a la intensidad de la forma con la que el apóstol les increpa a defender el evangelio de la gracia: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gal. 1:8). El libro de Gálatas prosigue a defender la revelación del evangelio, aclarar el papel de la Ley, y vindicar la necesidad de un discipulado lleno del Espíritu y orientado a la gracia.

El camino de la salvación es por gracia por medio de la fe, aparte de cualquier tipo de obra meritoria que el hombre pueda hacer. Pablo declaró: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gal. 2:16).

Nunca fue la intención de Dios que la Ley de Moisés fuese el vehículo para traer la salvación. Es más, su propósito fue el revelar la naturaleza del pecado como transgresión de las santas reglas divinas. En si, el sistema de la Ley debía llevar a los pecadores condenados al único que podía otorgar perdón y vida espiritual: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo” (Gal. 3:24-25).

Póngale atención a la forma en la que los gálatas habían sido engañados por los legalistas: “¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” Gal. 3:1-3.

Así que, no solamente eran las buenas nuevas de la gracia esenciales para la salvación, sino que también eran esenciales para la vida cristiana. Los creyentes fueron instruidos de acuerdo a dicha enseñanza: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” Gal. 5:1. Las leyes ceremoniales relacionadas con los sacrificios fueron reemplazadas por la finalidad del sacrificio de Cristo hecho una vez y para siempre en el calvario (ver Hebreos 10:8-14). Las leyes dietéticas y civiles también desaparecieron cuando Dios creó el organismo espiritual conocido como la iglesia en el cual los judíos y los gentiles eran iguales en Cristo.

En este contexto, una nueva amonestación es dada, ya que algunos estaban revirtiendo a una práctica híbrida de judaísmo y Jesús: “Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gal. 5:3-4).

La frase “de la gracia habéis caído” ha sido interpretada por algunos con el significado de haber “caído de la salvación”. Aunque la gracia es esencial para la salvación, nótese que el contexto es la influencia engañadora del legalismo. Si la gracia es una “bondad inmerecida”, ¿Como es posible que las obras se requieran para su permanencia? Observe la claridad de las Escrituras en relación a la gracia aparte de las obras: “mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Rom. 4:5).

Entonces, ¿Cuál es el significado de ésta advertencia de no caer de la gracia? El tema no es la pérdida de la salvación, sino aquello en lo que los creyentes equivocados caerían si cayesen de la gracia. No caerían en condenación sino en legalismo. Los próximos versos demuestran la importancia del Espíritu de Dios y la gracia en la salvación y la santificación: “Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gal. 5:5-6).

Al utilizar la palabra “incircuncisión” aquí, el apóstol esta diciendo que la virtud tampoco existe en el hecho de no ser judío. La vida eterna y abundante viene solamente por medio de la fe en Cristo. “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gal. 6:15).

Caemos en el legalismo si vivimos con miedo a la condenación (perder la salvación), trabajamos en Su obra tratando de ganarnos Su aceptación, nos enfocamos en satisfacer los modelos o patrones externos establecidos por hombres, o tratamos de vivir una vida cristiana basada en nuestros propios esfuerzos.

Por si acaso el péndulo es llevado muy lejos hacia el otro extremo, Pablo se adelante para aclarar: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gal.5:13). En vez de vivir de acuerdo a los antiguos patrones del mundo, los creyentes deben caminar en el poder y control del Espiritu Santo: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gal. 5:16).

De la misma forma en que la senda automática anuncia sus advertencias a los pasajeros para que no sufran caídas al caminar en dicha senda, el discípulo de Cristo es advertido para que no caiga en esfuerzos legalistas.

Pablo testifica acerca del secreto del progreso en el andar espiritual en la gracia: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal. 2:20).

Que la plenitud del evangelio te capacite para caminar de una forma sobrenatural en el poder del Espíritu Santo.


Derechos de Autor 2008 by John Woodward. Se permite la reproducción para usos no comerciales. Por favor de crédito a www.GraceNotebook.com. Las citas bíblicas son sacadas de la versión Reina Varela Revisada, 1960, RVR 1960 © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. (Traducción de JAT)