Quién Causó la Muerte de Cristo? (Segunda Parte)

NOTAS DE GRACIA: ¿Quién Causó la Muerte de Cristo? (Segunda Parte)

[Una búsqueda cuidadosa de Las Escrituras da una respuesta con nueve partes a esta pregunta.

1. La causa física: los soldados romanos

2. La causa legal ejecutiva: el gobernador romano, Pilato

3. La causa jurídica pasiva: el rey Herodes Antipas

4. La principal causa legal: el Sanedrín]

Segunda Parte

5. La causa instrumental: Judas

El tiempo nos impide examinar ampliamente al traidor. Sin embargo, un estudio de los Evangelios muestra que fue llamado por Cristo y recibió una oportunidad especial para aprender de Él y compartir en Su ministerio terrenal. Humanamente hablando, Judas pudo haber sido un candidato más probable para el liderazgo que los pescadores. A el se le encargó las finanzas de los doce [3].

Es una seria advertencia el ver a este discípulo potencial en el círculo interno del Maestro, aunque no en una relación salvadora con Jesús. Judas llamó “rabino” a Jesús (“maestro”, Mat. 26:25), pero no “Señor”. El Iscariote usaba robar el dinero de los fondos del grupo. Cuando María de Betania ungió los pies de Cristo con caros perfumes durante la semana de la pasión, el corazón codicioso de Judas fue desenmascarado. Se quejó de que el valioso perfume se estaba desperdiciando en Cristo en vez de ser convertido en efectivo (que el podría robar). Agregó el engaño a su avaricia, fingiendo estar preocupado por los pobres (Juan 12:4-6).

Aunque en repetidas ocasiones Cristo dio a Judas oportunidades para responder en fe, el Iscariote endureció su corazón y traicionó a Cristo por 30 monedas de plata (el precio habitual de un esclavo, Mat. 26:14-16; Juan 13:26,27). Judas ayudo a los soldados romanos para identificar al Señor Jesús en el huerto de Getsemaní con su beso infame (Mateo 26:49). La verdadera tragedia tuvo lugar en la desaparición de Judas – vendiendo su alma por unas cuantas monedas. Con este acto siniestro, Judas eligió su destino como el “hijo de perdición” (Juan 17:12). Pero, Judas no fue el único en la causa de la muerte de Cristo.

6. La causa engañosa: Satanás

Cuando el diablo no tuvo éxito al tentar a Cristo para que lo adorase, se apartó de Jesús “por un tiempo” (Lucas 4:1-13). Aunque no estamos al tanto de todo lo que ocupaba el alma de Cristo mientras oraba en el huerto de Getsemaní, Las Escrituras cuentan que su angustia, al anticipar el Calvario, causó que el sudor cayese de su frente como gotas de sangre (Lucas 22:44). Es probable que el acusador estuviera atacando a Cristo en su hora más oscura.

Cuando Judas rehusó la prueba de amistad del Señor en la Última Cena, “Satanás entró en él” (Juan 13:27). Por lo tanto, el plan de Judas se fraguó con un motivo satánico. Aunque el príncipe de las tinieblas es poderoso y muy bien informado, carece de sabiduría. La muerte y la resurrección de Cristo acabarían derrotando a Satanás (Hebreos 2:14-18). Cristo lo convirtió en un espectáculo público a través de la cruz (Col 2:15). Ahora bien, ¡Cristo Jesús tiene las llaves de la Muerte y el Hades! (Rev. 1:18). Sin embargo, la muerte de Cristo se habría evitado si no estuviera en el plan divino de la redención.

7. La causa volitiva: Jesús entregó su propia vida

Las revisiones humanísticas de los relatos del Nuevo Testamento tratan de pintar la imagen de un Jesús no divino que era meramente un maestro y un revolucionario político. Su muerte es vista solamente como un acto de martirio – el triste final de un héroe popular y folklórico.

¡Nada podría estar más lejos de la verdad! Cristo reconoció que su misión era la de “entregar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28; 1 Tim. 2:6). El Señor tranquilizó a Pedro (que en vano trató de defenderlo para que no fuese arrestado por los soldados, cortando la oreja de Malco – Juan 18:10): “Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:52,53). Cristo podría haber escapado de las garras de los soldados, pero estaba dispuesto a entregar su vida como sacrificio. Con anterioridad, había afirmado este compromiso: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla [a través de la crucifixión], y tengo poder para volverla a tomar [a través de la resurrección]. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (Juan 10:17,18). Por lo tanto, vemos en la pasión de Cristo su amor insondable: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13; Gal 1:4). Sin embargo, la voluntad de Cristo fluía del corazón del Padre.

8. La causa providencial: Dios el Padre dio a Su Hijo

En la profecía de Isaías acerca de la crucifixión del Mesías, leemos estas palabras sorprendentes: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10). El sacrificio de Cristo fue el acontecimiento redentor central en el plan divino de salvación. Cristo es descrito como un cordero inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8). El amor del Hijo en sus padecimientos es una imagen paralela del amor del Padre al permitir que sufriera: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Este regalo supremo de amor fue prefigurado en la ofrenda hecha por Abraham al ofrecer a su amado Isaac (Génesis 22; Heb. 11:17-19).

Esto muestra el misterio de la providencia. Cristo fue traicionado y crucificado pecaminosamente y, sin embargo, nada pasó aparte de la intención final de Dios. Es por esto que la iglesia primitiva declaró en oración y alabanza: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.” (Hechos 4:27, 28). No nos debe sorprender que un Dios eterno y soberano que todo lo sabe, trabaje en formas que trascienden la lógica y la razón humana (Isaías 55:8, 9). Esto nos lleva a la última respuesta a nuestra pregunta.

9. La causa responsable: todos nosotros

Este estudio ha estado explorando la multiforme y misteriosa respuesta a la pregunta popular: ¿Quién causó la muerte de Jesús? La intensa y brutal representación, aunque reverente, del sufrimiento de Cristo en la película recién hecha pública, La Pasión de Cristo, ha suscitado cierta preocupación por incitar al antisemitismo (Cf. La cuarta respuesta mencionada arriba). Sin embargo, concluimos este viaje con una humilde confesión: Cristo murió por nuestros pecados. El apóstol Pedro declaró: “quien [Cristo] llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (1 Ped. 2:24; 3:18). El Antiguo Testamento profetizó: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5)

Cuando el acto de la expiación concluyó, Cristo gritó en la cruz, “¡Consumado es!” Querido lector, esta investigación bíblica sobre la muerte de Cristo no sería más que un ejercicio teológico histórico a menos que hayas llegado a beneficiarte personalmente de este sacrificio llevado a cabo una vez y para siempre. ¿Cómo has respondido al evangelio? “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17:30, 31). Todos los que reciben el don del perdón y la vida por la fe en Cristo son también llamados a seguirlo en el discipulado: El Señor Jesús declaró: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9:23). Por lo tanto, su pasión se convierte en la nuestra.

El director y productor de la mencionada película, Mel Gibson, decidió no aparecer en ella a excepción de una breve escena. Las manos que clavaron a Jesús en la cruz eran suyas. Debido al estado y acciones pecaminosas de la humanidad, las manos que clavaron a Jesús en la cruz fueron las nuestras. [4]


[3] “Iscariote” evidentemente se refiere a la ciudad sureña de donde Judas era original – Kerioth.

[4] “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. (1 Juan 2:2).


Derechos de Autor de John B. Woodward, 2010. Se concede permiso para reimprimir (con crédito) para uso no comercial. Citas de la Biblia fueron tomadas de la versión RVR 1960 © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Traducción de J A Toranzo

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