Razones Por Las Cuales Los Cristianos Enferman (Primera Parte)

El tema más urgente para mí mientras escribo este artículo es el problema de la enfermedad. Mi mentor en el área de consejería espiritual, Carlos Salomón, acaba de tener una cirugía para extirparle un quiste hepático; (¡he sido informado que el quiste pesó siete libras!). En lo personal, me sobrecogió un virus de algún tipo y he estado enfermo durante unos tres días- -una condición inusual para mí. Supongo que todo el mundo tiene algún familiar o amigo que ha sido o está siendo afectado por alguna enfermedad. Tal vez te sientes abrumado con los problemas de tu salud.

¿Te has preguntado alguna vez por qué la gente se enferma? Y, en particular, ¿Por qué los CRISTIANOS se enferman? Aunque espiritualmente sanados por las llagas [de la crucifixión] de Cristo, los creyentes se enferman de formas que son casi paralelas a los incrédulos. [Sí, digo casi paralelas a los incrédulos. En su libro, Ninguna De Estas Enfermedades, el Dr. S.I. McMillen da evidencias convincentes de que muchos problemas de salud modernos se pueden evitar si vivimos de acuerdo a los principios bíblicos. Por ejemplo, cuando se siguen las normas divinas al reservar el sexo exclusivamente para la relación matrimonial, se evita la transmisión de enfermedades sexuales.]

Creo que estarías de acuerdo en que incluso los creyentes llenos del Espíritu no están exentos de enfermedades físicas. ¿Cuáles son las causas de los problemas de salud en la vida del cristiano? Para el creyente, la enfermedad entra en una de tres categorías: puede ser una enfermedad de muerte, una enfermedad para disciplinar al creyente, o una enfermedad para la gloria de Dios. [1]

Veamos detenidamente estas categorías.

1. ENFERMEDAD PARA MUERTE.

Cada persona que muere por “causas naturales” se ha visto afectada por un tipo de enfermedad. Siempre hay algo antinatural en la muerte de una persona que fue hecha a la imagen de Dios. Esta pena se explica cuando se entiende en el contexto de Génesis capítulos 1-3. Dios lo creó todo “bueno”. En el Jardín del Edén no había enfermedad, ni el deterioro por envejecimiento, ni muerte (¡ni ropa!). La causa de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte física se debe a la desobediencia de nuestros primeros padres en los albores de la historia. Dios entonces pronunció su ominono veredicto a Adán: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Gen 3:17-19). La enfermedad debe recordarnos las consecuencias de declararnos independientes de Dios. A pesar de que somos redimidos cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador personal, no se nos saca de este mundo pecaminoso y maldecido. Nuestros cuerpos mortales gimen, anticipando nuestro estado glorificado en el futuro (Romanos 3:24-26; 8:23).

Cuando llegó el momento para que Eliseo partiera de este mundo, sufrió una enfermedad mortal – una enfermedad de muerte. Esto no era una indicación de la desaprobación del Señor, ni de la incapacidad del profeta a hacer milagros (2 Reyes 13:14, 20-21).

Tendemos a sentir pánico ante la idea de la muerte porque no queremos dejar a nuestros seres queridos atrás; la vida por venir parece irreal a nuestros sentidos. Sin embargo, Pablo demostró el poder y la garantía que la vida eterna le da al cristiano: “conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;” (Fil. 1:20-23).

Una enfermedad mortal puede servir como una advertencia para desacelerar nuestras vidas, darnos cuenta de nuestras necesidades espirituales, y prepararnos para encontrarnos con Dios. Recuerdo un amigo que fue campeón de Norte América en cultura física (body building) Tory no tenía mucho tiempo para Dios hasta que fue diagnosticado con cáncer. Luego empezó a asistir a la iglesia en la que yo servía en Montreal, y fue conducido a la fe salvadora en Cristo. El Señor no eligió curarlo físicamente, pero Tory tuvo paz en su corazón hasta el momento en que fue llamado por el Señor al cielo. Su confianza y esperanza fueron una bendición para todos los que compartían con el.

En la Biblia la muerte a veces se llama “dormir” porque es como despertar – ¡en el cielo! (1 Tes. 4:14). La Biblia, sin embargo, no enseña que “las almas duermen”. Cuando los creyentes en Cristo mueren físicamente, están “ausentes del cuerpo y presentes con el Señor” (2 Cor. 5:8). Por lo tanto, ¡la muerte ha perdido su aguijón para nosotros! (1 Cor.15:55-57).

2. LA ENFERMEDAD COMO DISCIPLINA DEL CREYENTE

La enfermedad puede indicar que Dios está castigando a Su hijo. La iglesia de Corinto nos da un ejemplo de la disciplina de Dios. ¡Hacían mal uso de la mesa del Señor y acaparaban los alimentos en las fiestas ágape! El apóstol les reprendió y luego advirtió: “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos DUERMEN [Han muerto prematuramente]. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” (1 Cor 11:30-32). Estos síntomas fueron destinados para impulsar a los corintios a que se arrepintiesen y se tratasen entre sí – y la mesa del Señor – con respeto. (Cf. Hebreos 12:4-11).

Hacemos bien en aprovechar la ocasión de la enfermedad para acercarnos a Dios y pedirle que escudriñe nuestro corazón (Salmo 139:23,24). Una palabra de advertencia, sin embargo: sólo Dios (y tal vez el que está enfermo) sabe si una enfermedad se debe a una corrección. No debemos suponer que la enfermedad se debe a la desobediencia. Esta fue la lógica de los “consoladores” de Job. Asumieron que las pérdidas devastadoras de Job – incluyendo la pérdida de su salud – se debieron a su mal comportamiento. Sin embargo, Dios sabía lo verdad: “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8).

Otro aspecto del castigo es el papel de los problemas de salud que apuntan a CONFLICTOS INTERIORES que necesitan resolución en la vida del creyente. Si tratamos de vivir de acuerdo a nuestra identidad carnal, el dolor acumulado de rechazo en la vida, inevitablemente provoca turbulencias en el alma (mente, voluntad y emociones). Aunque algunos minimizan este conflicto a través de sus mecanismos de supervivencia, por lo general los sentimientos de inferioridad, insuficiencia, culpa, preocupación, dudas, y temores se manifiestan a través de conflictos internos.

No es raro que estos conflictos internos también causen efectos psicosomáticos, tales como dolores de cabeza (migrañas) y jaquecas, estómago nervioso, úlceras pépticas, urticaria, erupciones cutáneas, alergias, asma, colon espástico, palpitaciones del corazón, fatiga, insomnio, etc. [2] Aunque no necesariamente causadas por estrés psicológico, estas condiciones pueden mostrar la misteriosa relación que existe entre nuestros componentes físicos e inmateriales. ¡Tenemos que valorar la paz interior también por sus beneficios para la salud!

La respuesta de Dios es que veamos la presencia de Cristo como el único recurso adecuado para manejar el estrés de la vida (Juan 15:1-5). La gentil invitación de Cristo se aplica a los creyentes al igual que a los incrédulos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30; Cf. Gal 2:20).

Un escenario adicional en relación con las enfermedades como disciplina son los problemas de salud derivados de VIOLAR LAS LEYES NATURALES DE SALUD. Es posible que hayamos pasado por alto los principios bíblicos de la salud, tales como la buena comida, el ejercicio, el descanso, y la salubridad. “Todo lo que un hombre sembrare, eso también segará”, se aplica a las cuestiones de salud también. Tendemos a suponer que la enfermedad no está relacionada con la dieta y el estilo de vida. ¡Por el contrario, a veces el único responsable de los problemas de salud es la persona en el espejo! Muchos investigadores han llegado a esta conclusión. Considera estas estadísticas deprimentes de los Estados Unidos: 700.000 personas mueren anualmente de ataques cardíacos, 520.000 mueren de cáncer, y 162.000 mueren de derrames cerebrales. Sin embargo, el Dr. John McDougall habla ha nombre de muchos médicos e investigadores cuando concluye que “La dieta y el estilo de vida son las causas de la mayoría de las muertes y discapacidades que las personas sufren en los Estados Unidos hoy”. [3] !Qué implicaciones más impresionantes tiene esto! (Ahora que lo pienso bien, nuestra manera moderna de cocinar, los alimentos procesados, los envases que se usan, las vitaminas y los minerales agotados, y las comidas cargadas de azúcar no tienen mucho en común con la comida de los tiempos bíblicos.)

Muchos pueden testificar de la importancia de una buena nutrición. Rev. George Malkmus se recuperó de cáncer a través de la desintoxicación de su cuerpo y comiendo una dieta de alimentos crudos en un 80%. Más de un millón de personas está siguiendo el plan de alimentación recomendado por su ministerio; muchos han experimentado mejoras sorprendentes de la salud. [4]

Estas observaciones no implican que las drogas y la cirugía no son importantes en el cuidado de la salud. Somos bendecidos cuando los medicamentos o la cirugía pueden ayudar al sistema inmunológico del cuerpo a combatir las enfermedades (Lucas 5:31).

El próximo número de NOTAS DE GRACIA debe cubrir la tercera categoría de la enfermedad – la enfermedad para la gloria de Dios.

El apóstol Juan escribe a su amigo Gayo: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Juan 2). Este artículo se te presenta con la misma oración por ti.


NOTAS DE GRACIA, Razones Por Las Cuales Los Cristianos Enferman (Primera Parte), Por John Woodward 09 de octubre 2000

Notas:

[1] Esta clasificación se utiliza en el Instituto de Principios Básicos de la Vida. http://www.iblp.org También ofrecen Boletines de Atención Básica del Instituto de Formación Médica de América.

[2] Carlos Salomón, Manual a la Felicidad, (Tyndale House) p.31.

[3] David y Anne Frahm, Reclame Su Salud, (Pinion), p. 18. P.O. Box 35007, Colorado Springs, CO 80935 EE.UU. [Anne Frahm tenía cáncer y recibió quimioterapia, radioterapia, y finalmente una fracasada operación de trasplante de médula. Después de ser enviada a su casa a morir, se volvió hacia una última opción: la nutrición. Ella le dio un 100% de atención a un plan radical del nutricionista para su recuperación y experimentó una recuperación impresionante.]

[4] El centro educacional y de recreo de George Malkmus:”Aleluya Acres “, se encuentra en Carolina del Norte. http://www.hacres.com


Derechos de Autor de John B. Woodward, 2010. Se concede permiso para reimprimir (con crédito) para uso no comercial. Citas de la Biblia fueron tomadas de la versión RVR 1960 © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Traducción de J A Toranzo

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