Razones Por Las Cuales Los Cristianos Enferman (Segunda Parte)

Hemos estado considerando la compleja pregunta, “¿por qué se enferman los cristianos?” Habiendo examinado las posibilidades de la enfermedad para muerte y la enfermedad como disciplina, ahora nos enfocaremos en la enfermedad como forma de glorificar a Dios.

El concepto de que Dios es glorificado por medio de nuestras enfermedades puede sonar extraño. ¿Cómo puede algo tan negativo como la enfermedad humana glorificar a un Dios bueno y santo? Sin embargo, no debemos descartar esta posibilidad sin mirar atentamente a Las Escrituras. Después de todo, Dios está especializado en “ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.” (Is. 61:3).

Hay dos maneras en que Dios puede dar gloria a Su nombre por medio de las enfermedades humanas. La primera es por SANACION SOBRENATURAL, la otra es dando GRACIA. SUSTENTADORA.

En Juan capítulo 9, los discípulos expresaron una idea falsa, común en sus días, cuando se encontraron con un hombre que había nacido ciego. Le preguntaron al Señor: “Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (vs. 2-3).

Recuerdo a una señora, en una iglesia que pastoreaba, que tenía varios hijos con discapacidad. La gente alrededor de ella apenas podía contener sus susurros, suponiendo que esta mujer había pecado en su vida, lo cual justificaba estos defectos de nacimiento. Ella me habló de su alegría y alivio al leer estos versículos del Evangelio de Juan: “Ni este hombre ni sus padres pecaron…”

Aprendemos mucho del carácter de Cristo a través de sus milagros de curación. El hombre atrapado y aislado por la lepra incurable – Jesús lo TOCO, ignorando el miedo a los leprosos que se mantenían aislados de la sociedad. Los que los veían debían gritar: “¡inmundo, inmundo!” A la mujer encorvada que había caído presa de un espiritu inmundo – Jesús proclamó públicamente su LIBERTAD, ordenando que se pusiera de pie para que ella pudiera salir del lugar adorando y glorificando a Dios, capaz de mirar a otros a los ojos por primera vez en dieciocho largos años. Para el siervo del centurión – Jesús honró la humildad y la fe del soldado y solamente HABLO, curando al siervo de su parálisis y sufrimiento. Para el que era sordomudo, Jesús puso sus DEDOS en los oídos dañados, ESCUPIO y tocó la lengua del hombre, restaurando su audición y permitiéndole al hombre hablar libremente. [1]

El evangelio de Juan contiene muchos milagros de curación. Su propósito se menciona al principio del relato: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.” (Juan 2:11). La palabra traducida como “milagro” es “semeion ‘, que significa literalmente”señal”. Estos milagros no sólo demostraron Su poder, también fueron señales de Su CARACTER y MISION. Jesús vino para restaurar la vista espiritual, para curar la “lepra” del pecado, para restaurar la dignidad humana para que pudiéramos andar rectamente; para liberarnos de la parálisis de la esclavitud espiritual, que nos permita escuchar la voz de Dios en nuestros corazones, y para liberar nuestras voces para que pudiéramos declarar las obras maravillosas de Dios.

¿Cómo debemos responder cuando un creyente está enfermo? Santiago nos da instrucciones para orar los unos por los otros para la curación física. Para una enfermedad grave, el afligido puede hacer uso de la intercesión de la Iglesia: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” (Santiago 5:14-16). Dios GLORIFICA SU NOMBRE cuando oramos y recibimos el don de la curación sobrenatural.

He sido animado en ocasiones en que Dios soberanamente escogió responder a la oración para sanar. Uno de mis compañeros de trabajo ha sido curado de cáncer; el hijo de una joven madre fue tocado por Dios y no tuvo que sufrir una cirugía que se anticipaba. Una hermana en Cristo tenia un misterioso tumor en el cuello que fue quitado por la misericordia de Dios sin explicación o intervención médica.

Sin embargo, en mi experiencia, este tipo de respuestas es poco común. Tal vez algunos lectores tienen dones especiales en este ámbito, pero la mayoría de las personas con quienes he compartido a lo largo de los años – de muchas denominaciones y culturas – están de acuerdo en que si bien Dios puede sanar milagrosamente hoy, no es Su forma HABITUAL de tratar con la enfermedad del creyente. Nuestros amigos carismáticos pueden atribuir esta diferencia a la falta de fe – tal vez.

Pero un vistazo rápido e imparcial del Nuevo Testamento parece indicar que incluso en una época de milagros frecuentes, Dios no garantizaba el perfecto estado de salud para los creyentes. Pablo aconsejó a Timoteo: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.” (1 Tim 5:23). [Antes de dirigirse a la tienda de licores, tenga en cuenta que esto era para uso medicinal y no se nos dice si fue fermentado “oivos’ – zumo de uva, o vino.] Y más adelante señaló que Pablo tuvo que dejar a su amigo Trófimo enfermo en Mileto (2 Timoteo 4:20; Cf. Fil. 2:27)

Además, no olvidemos que cuando se restaura la salud a través de la alimentación o la medicina, Dios todavía es glorificado. ¿Quién hizo la tierra producir tal variedad de alimentos, minerales y hierbas? ¿Quién dio a la humanidad el potencial de aprender los secretos de la asistencia sanitaria y la tecnología? ¿Quién nos dio nuestro sistema inmunológico? Aunque frecuentemente El usa “causas secundarias”, Dios es la fuente primordial de cualquier medida de salud y la fuerza que disfrutamos. Como David dijo hace mucho tiempo: “Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias;” (Salmos 103:2-4).

La segunda manera en que Dios puede ser glorificado en la enfermedad del creyente es dándole Su gracia sustentadora. Si Dios lo dejase a nuestra discreción, elegiríamos la curación sobrenatural. Pero por razones conocidas solamente por El, Dios elige con frecuencia glorificarse a través del sostén de Su gracia en medio de la adversidad del creyente. Este fue el caso en 2 Corintios capítulo 12 donde Pablo declaró: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:7-10).

No se nos dice la identidad exacta de la ‘espina de Pablo en la carne’, tal vez esto es para enseñarnos lecciones generales que se refieren a hacer frente a problemas físicos. [2] Desde el ejemplo de Pablo nos enteramos de que:

1) a veces Dios no responde a nuestra oración por la curación física;

2) la falta de curación no se debe necesariamente a la oración insuficiente;

3) sin embargo, Dios es fiel para dar el sostén de la gracia;

4) esta gracia es suficiente para la aflicción de cada creyente y puede glorificar a Dios.

Tal vez, si Dios siempre quitara la adversidad del camino Sus hijos, no aprenderíamos “la comunión de sus sufrimientos” y otros podrían concluir que Dios debería ser seguido sólo por las ventajas temporales que ofrece (Fil. 3:10). En su lugar, debemos abrazar los valores eternos y espirituales: “no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2 Cor 4:18).

¿Cuántos grandes hombres y mujeres de Dios Lo han glorificado a través de sus enfermedades físicas? Cuando me encontraba en Rumania recientemente, conocí a una bella hermana en Cristo la cual sufre una enfermedad debilitante. Ella esta incapacitada y pasa mucho de su tiempo confinada a una silla de ruedas. Sin embargo, ¡su alma no tiene restricciones! La alegría de su salvación se irradia desde el corazón. Verdaderamente, la fuerza de Dios se perfecciona en su debilidad.

Otro ejemplo de Su gracia sustentadora fue la escritora de himnos Fanny Crosby. Ella quedó ciega a la edad de seis semanas, sin embargo, no sentía ningún tipo de amargura. Un predicador le dijo en cierta ocasión: “Creo que es una lástima que el maestro no te dio la vista cuando derramó tantos otros dones sobre ti.” Fanny respondió: “¿Sabes que si al nacer yo hubiera sido capaz de hacer una petición, habría sido el de nacer ciega?” “¿Por qué?” -preguntó el ministro sorprendido. “Porque cuando llegue al cielo, la primera cara que habrá de alegrar mi vista será la de mi Salvador.” Sus 8.000 canciones acerca del evangelio son testimonios gozosos e imperecederos de la sustentadora gracia de Dios en su vida. ¡El Señor ha sido glorificado por medio de su enfermedad!

Como creyentes esperamos el día de nuestra sanidad física final: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Fil. 3:20, 21).

A la luz de estas Escrituras, hay que ser prudentes en la administración de nuestra salud y sensibles en nuestro trato con los demás creyentes cuando están enfermos. ¡Cualquiera que sea tu suerte, que Dios te enseñe a decir “todo está bien con mi alma!”


NOTAS DE GRACIA, Razones Por Las Cuales Los Cristianos Enferman (Segunda Parte) Por John Woodward 16 de octubre 2000

Notas:

[1] Mat. 8:2; Lucas 13:11; Mateo 8:5; Marcos 7:31

[2] “Carne” (en griego-“sarx”) se utiliza con frecuencia al hablar del cuerpo físico.


Derechos de Autor de John B. Woodward, 2010. Se concede permiso para reimprimir (con crédito) para uso no comercial. Citas de la Biblia fueron tomadas de la versión RVR 1960 © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Traducción de J A Toranzo

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