Tres Dimensiones de la Santificación

NOTAS DE GRACIA: Tres Dimensiones de la Santificación

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” (1Tes. 5:23-24).

La oración de Pablo por la santidad personal para los creyentes en 1 Tes. 5:23-24 se centra en sus tres dimensiones: espíritu, alma y cuerpo. El pasaje también contiene una petición, una perspectiva, y una promesa.

La Petición

Observa detenidamente el propósito de la petición: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo”. A pesar de que no se está refiriendo a la perfección sin pecado en esta vida o la erradicación del principio del pecado como una mala influencia, Pablo mira hacia Dios, buscando una norma sagrada de carácter y conducta en Sus hijos. [1] Esta es la voluntad de Dios, porque Él ha dicho: “Sed santos porque yo soy santo” (1 Ped. 1:16).

Fuimos santificados en el momento de la salvación (santificación posicional, 1 Cor. 1:2; 6:11), y tenemos que vivir de acuerdo a esta nueva posición e identidad (santificación progresiva, 2 Cor. 7:1). El crecimiento en la santidad consiste en vivir en armonía con “Cristo en nosotros”, quien ya nos ha hecho partícipe de Su naturaleza (2 Ped. 1, 4).

Ten en cuenta también el alcance de la petición: “tu espíritu, alma y cuerpo” (v. 23). El espíritu humano del creyente recibió vida en el momento de la regeneración (Ef. 2:1) y es la morada del Espíritu Santo (1 Cor. 3:16). El creyente es ahora un “nuevo hombre”, identificado por su espíritu regenerado: “…del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Ef. 4:24). Esta petición es respondida según permitimos a “el nuevo hombre” tener dominio sobre nuestra alma (voluntad, mente y emociones) y cuerpo (1 Cor. 9:27).

Oswald Chambers describe este crecimiento en la santidad: “La santificación es una obra instantánea y continua de la gracia. El tiempo que el proceso necesite depende de nosotros mismos, y lleva a algunos a decir que la santificación no es instantánea. La razón de que algunos no entran en el proceso es que ellos nunca han permitido que sus mentes comprendan lo que la santificación significa… Costará un estrechamiento intenso de nuestros intereses en la tierra, y una ampliación inmensa de nuestro interés en Dios. En otras palabras, la santificación implica una concentración intensa en el punto de vista de Dios – todos los poderes del espíritu, alma y cuerpo, encadenados y mantenidos para el propósito de Dios solamente.” [2]

La Perspectiva

El texto también tiene una perspectiva llena de esperanza: “y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (V. 23). ¡Qué tranquilizador que Dios mismo sea el que completa esta búsqueda de la santidad en la vida de su pueblo! “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.” (1 Juan 3:1-3).

La Promesa

Para terminar, la oración concluye con una promesa: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” (v. 24). Esto nos recuerda que es “el Dios de Paz” a quien se le pide que cumpla esta obra de gracia en nuestras vidas. Chambers prosigue afirmando: “Si hemos de ser santificados, debe ser por el mismo ‘Dios de Paz’. El poder que conforma la vida del santo no viene de nuestros propios esfuerzos, sino que viene del corazón del ‘Dios de Paz’. Algunos utilizan la expresión ‘orar a través de’ (es decir, mantenernos en oración en medio de las circunstancias). Lo que tenemos que hacer es “orar a través de” todas nuestras petulantes luchas después de nuestra santificación; todas las sospechas inveteradas en nuestros corazones de que Dios no nos puede santificar. Cuando nos quitamos de encima todo eso y nos encontramos correctamente delante de Dios, entonces Dios nos permite ver cómo sólo El puede hacer dicha obra. Cuando nuestros débiles esfuerzos, Y nuestras luchas cesen, nuestra entrega incondicional nos trae la paz de Dios.” [3]

Que Dios cumpla con el proceso progresivo de “la santificación de tres dimensiones” en tu vida y la mía – santidad en espíritu, alma y cuerpo – para nuestra salud y Su honor.

Padre nuestro, te damos gracias por la perspectiva de un crecimiento continuo en la santidad práctica. Dependemos de ti, el Dios de Paz, que nos separes – espíritu, alma y cuerpo – para Tus sabios propósitos eternos. ¡Nos regocijamos de que cumplirás esta promesa gloriosa! En nombre de Cristo, Amén.

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[1] Véase 1 Juan 1:8; Santiago 3:2; Gal. 5:17

[2] Oswald Chambers, Si Pedís, p. 74.

[3] Chambers, p. 77.

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Derechos de Autor de John B. Woodward, 2010. Se concede permiso para reimprimir (con crédito) para uso no comercial. Citas de la Biblia fueron tomadas de la versión RVR 1960 © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Traducción de J A Toranzo.

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