El Dr. Jekyll o El Señor Hyde?

NOTAS DE GRACIA

¿El Dr. Jekyll o El Señor Hyde?

Mientras leía la composición que mi hija Laura había escrito para su clase de inglés, me intrigó una cita que leí de la novela “El Extraño Caso Del Doctor Jekyll y El Señor Hyde” de Robert Louis Stevenson El Dr. Jekyll había concluido, “Si cada una [la fuerza del bien y la fuerza del mal], pudiera ser alojada en identidades separadas, la vida sería aliviada de todo lo que es insoportable, la injusta podría seguir su camino, libre de las aspiraciones y los remordimiento de su más justo gemelo, y el más justo podría caminar con firmeza y de forma segura en su camino hacia arriba”. [1] Ella prosiguió a describir cómo el Dr. Jekyll “se sintió intrigado por los misterios de la vida humana y el carácter del hombre; después de años de estudio descubrió una fórmula para separar las dos partes del hombre. Llevó a cabo este experimento en su propia persona (a pesar de sus propias dudas) y creó al Sr. Hyde. – una persona totalmente maligna”.

¿Cuántas veces nos sentimos agobiados y frustrados en nuestra lucha interior contra el pecado? ¿Cuál es la naturaleza de este conflicto interno en la vida del creyente en Cristo? ¿Cómo podemos disfrutar de la libertad del poder del pecado y disfrutar del descanso de tales agitaciones internas? La lucha ética, como se describe en Romanos 7, a menudo se refiere a “la carne”. ¿Qué quiere decir la Biblia por el término “carne”? Este malhechor es identificado en Gálatas 5:17: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.”

Nuestros tres enemigos espirituales algunas veces son identificados como el mundo (el sistema caído de la humanidad que se opone a Dios – 1 Juan 2:15-17), la carne (nuestro enemigo interno – Rom 7:18), y el diablo (Satanás – 1 Pedro 5:8). De estos tres, la carne parece ser el más ilusorio y difícil de discernir con precisión.

Entonces, ¿cómo podemos definir la “carne” cuando se utiliza en un sentido ético? Carlos Salomón observa, “El creyente, a pesar de que ya no está ‘EN la carne’, todavía puede caminar ‘SEGUN la carne’. La carne ya no es una ‘posición’ permanente para el creyente, pero es una muy frecuente ‘condición’ [Romanos 8:9] [2] La entrada diaria a la libertad de la carne puede ser obstaculizada por los remanentes de la vida pasada en el alma. La mente tiene algunos patrones de pensamientos que se han arraigado en el cerebro. También puede haber algún daño emocional sufrido en la infancia o algún tiempo después. Los problemas del alma (mente, voluntad y emociones) deben ser solucionados a través del poder del Espíritu Santo para lograr la plena libertad que pertenece a todo creyente.” [3]

Nuestra estrategia para la victoria sobre la carne es positiva: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” (Gal 5:16).

Debemos aclarar que el cuerpo físico como “carne” no es nuestro enemigo. El capítulo uno de Génesis relata que Adán y Eva fueron hechos con cuerpos físicos en inocencia “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Jesús recibió un cuerpo humano en su encarnación y permaneció sin pecado. A diferencia de aquellos que tratan de afligir a sus cuerpos para reducir la influencia del pecado, debemos respetar este vaso terrenal que Dios nos ha dado para vivir EN y utilizarlo COMO “un instrumento de justicia” (Romanos 6:13; Cf.1 Corintios 6: 19). Ni el afligir tu cuerpo ni el aislarlo tiene un valor duradero para superar el poder del pecado (Colosenses 2:20-23).

Otra idea falsa es que el creyente es la víctima del DUALISMO interno – dos fuerzas opuestas, la del bien y la del mal, que tienen el mismo derecho en su mente, su carácter, y sus decisiones. A mí me enseñaron en un principio que mi nueva naturaleza como cristiano era como un perro blanco y que mi vieja naturaleza pecaminosa era como un perro negro, que estaban en constante tensión. El remedio para esta condición miserable, se me decía, era “alimentar al perro blanco”. – ¡No es extraño que me sintiera como un hueso viejo! (Ahora bien, es cierto que la alimentación de tu alma con la oración y la Palabra de Dios te servirá de influencia hacia la piedad en tu lucha contra el pecado, pero espero que un examen más detenido de la “carne” te indique algunas buenas noticias acerca de tu patrimonio [derechos que recibes al nacer] para vivir en la libertad del poder del pecado.) [4]

El dualismo en la filosofía es la idea que el bien y el mal son fuerzas paralelas que están constantemente en conflictos en el mundo. Aquellos que promueven la causa de la bondad predican el lema de la película Star Wars (La Guerra De Las Galaxias) – “¡Que la fuerza esté con vosotros!” Observa cómo esto difiere de la visión cristiana del mundo: si bien coexisten el bien y el mal en el mundo, ¡estas son fuerzas desiguales! Dios es bueno, soberano, todopoderoso, omnisciente, y no cambia. Recuerda el libro de Job: Satanás no podía hacer nada más allá de la voluntad permisiva de Dios. Satanás fue derrotado en el Calvario a través de la obra de Cristo en la cruz (Col 2,14); su castigo es seguro (Apoc. 20).

Del mismo modo, como un verdadero creyente en Cristo, este mismo Dios soberano mora en ti a través de Su Espíritu. Romanos 6:5-7 afirma que te has identificado con Cristo. “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.”

Por lo tanto LA PALABRA DE DIOS NO ENSEÑA EL DUALISMO, ni en el universo ni en la naturaleza del creyente. En lugar de verte a ti mismo con una naturaleza buena co-igual con una naturaleza mala (mitad luz y mitad oscuridad), reconoce que tu naturaleza esencial es la santidad. Por eso la Palabra de Dios dice que has sido santificado (Hebreos 10:10) y por lo tanto eres un “santo” (1 Cor 1:2). Esto no quiere enseñar la erradicación del pecado como una influencia negativa en la vida cristiana, ni indica la posibilidad de la perfección sin pecado (Santiago 3:2). Todavía tenemos la carne contra la cual debemos luchar, ¡pero en Cristo hemos sido liberados de la autoridad del pecado, tenemos el poder del Espíritu de Dios, y la libertad de vivir rectamente a través de la gracia!

Bill Gillham describe las implicaciones del entendimiento de estos principios. “El hecho de que un cristiano no tiene una naturaleza pecaminosa, no significa que no luchamos en nuestra guerra contra el pecado… Así como puedes recoger manzanas sin tener una naturaleza de recogedor de manzanas y comer carne de cerdo sin tener una naturaleza de comedor de cerdos, puedes pecar sin tener una naturaleza pecaminosa. ‘Naturaleza’ se define como “una característica fundamental.” Los pecadores AMAN el pecado. Los santos lo ODIAN. Los pecadores planificar el futuro incluyendo formas de pecados más innovadoras. Los santos asisten a seminarios para aprender a superarlos. Nuestra característica fundamental es evitar el pecado.” [5] Esto se confirma en 1 Juan 2:29, “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él.” (Cf. 1 Juan 3:7-9; 4:7; 5:4).

¡Así que su “Señor Hyde” fue clavado en la cruz con Cristo! El “viejo hombre” está fuera del juego; tienes un “nuevo hombre” – un espíritu que está vivo para Dios. Pablo amonestó, “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, HABIENDOOS DESPOJADO del viejo hombre con sus hechos, y REVESTIDO del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,” (Col. 3:8-10). Observa que el “viejo hombre” FUE despojado. Esto ocurrió cuando aceptaste a Cristo como tu salvador y fuiste unido espiritualmente con Cristo (1 Corintios 6:17). ¡Esta unión se identifica con la muerte, la sepultura, la resurrección, y la ascensión de Cristo! (Efesios 2:4-6).

En Vivo Por Primera Vez, David Needham destaca el valor de discernir claramente nuestra naturaleza espiritual esencial en Cristo. “[Muchos creen que] cada vez que se siente deseos pecaminosos, en realidad está encontrando su naturaleza fundamental – la de pecador. En esos candentes momentos de presión, usted o sigue adelante con sus deseos y HACE LO QUE QUIERE o por la fuerza de Dios se resisten a ellos y termina HACIENDO LO QUE DEBE… Sin embargo, si obedece “lo que debe” o no, todavía debe contar con la verdadera naturaleza de la clase de persona que asumas ser en ti mismo – en el fondo, una persona pecadora “Ya sea que nos demos cuenta o no, el deseo más íntimo de nuestro corazón es el mismo que el de Pablo -‘para mi el vivir es Cristo! ‘ [Fil. 1:21] Es correcto hablar de la abnegación cristiana dentro de los límites de un sentido de egoísmo o egocentrismo, los cuales son enemigos de la dependencia [de Dios]. . . ¡Qué importante es para los cristianos el ser enseñados rápidamente que cuando fueron salvos, no sólo fueron justificados, pero que Dios también realizó esos milagros interiores que han cambiado el foco de su mismidad de la “carne” al “espíritu”. Su nivel más profundo de sí mismo, su verdadero ser, no quiere el pecado [1 Juan 3:9]. Ese “yo” está siempre en perfecto acuerdo con el “deber” de la ley moral de Dios.” [6]

¡Por lo tanto, en Cristo, somos libres para elegir el cooperar con el Espíritu de Dios y producir buenos frutos! ¡Cuando lo hacemos, actuamos en consonancia con nuestra naturaleza esencial; andamos en armonía con nuestra verdadera identidad en Cristo! ¡Dios te bendiga, “doctor”!


Notas:

[1] Robert Louis Stevenson, “El Extraño Caso Del Dr. Jeckyll y el Señor Hyde”, p.105.

[2] La palabra “carne” es una traducción de la palabra griega “sarx” que ocurre 130 veces en el Nuevo Testamento. A veces se habla del cuerpo físico, o del componente material de los seres vivos (Fil.1:22). Cuando se utiliza en un sentido ético, sin embargo, tiene muchas implicaciones para nuestra lucha interior contra el pecado. Por ejemplo, 1 Pedro 2:11 [usada como adjetivo “sarkikos”] nos advierte: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos CARNALES que batallan contra el alma,” Cf. 2 Pedro 2:18; 1 Juan 2:16.

[3] Carlos Salomón, Piedras Preciosas y La Jerga (Expresiones de La Vida de La Cruz) p. 10, 11.

[4] Nota: El término “naturaleza pecaminosa” es comúnmente utilizado para describir el principio de pecado en el creyente, pero puede ser engañoso. La traducción, en algunas traducciones, de la palabra “carne” como “naturaleza pecaminosa” en Romanos 7:18 y en otros lugares es demasiado vaga. Una traducción más literal, es decir “carne” (como RVR o RVA) es necesaria para una comprensión precisa de este tema.

[5] Bill Gillham, Lo Que Dios Desea Que los Cristianos Supiesen Sobre El Cristianismo (Harvest House) p. 102, 103.

[6] David Needham, Vivo Por Primera Vez (Multnomah, 1995), p. 157-58. Cf. L. Berkhof sobre la regeneración – “Aquel acto de Dios por el cual se siembra el principio de una nueva vida en el hombre, y la disposición de gobierno de su corazón se hace santo” (Teología Sistemática, p.469.)

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Derechos de Autor de John B. Woodward, 2010. Se concede permiso para reimprimir (con crédito) para uso no comercial. Citas de la Biblia fueron tomadas de la versión RVR 1960 © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Traducción de J A Toranzo.